Descartemos el Mundial 2030 y organicemos el Mundialito del Centenario

Uruguay Argentina Paraguay 2030Darío Queirolo /// A propósito de la candidatura de Uruguay, Argentina y Paraguay para la Copa Mundial de Fútbol 2030, luego del frustrado partido Boca - River el sábado 24 de noviembre de 2018.

Como vivimos en un continente de personas muy sensibles, considero pertinente aclarar de entrada, y enfáticamente, que quiero muchísimo a la Argentina y a los argentinos; y que también quisiera que Uruguay fuera la sede de la Copa del Mundo de 2030.

En primer lugar digamos que no hay que ser ningún iluminado para entender que es imposible que Uruguay tenga el poder económico o la capacidad de organizar, solito, el evento que debe ser el más famoso y el más visto por televisión, en el mundo.

Es así que, entonces, para celebrar el centenario de la primera edición del Campeonato Mundial de Fútbol organizado por la FIFA, que tuvo lugar en Montevideo, Uruguay, entre el 13 y el 30 de julio de 1930, era lógico que Uruguay presentara su candidatura como anfitrión, y que por otro lado buscara socios para que la FIFA lo considerara seriamente.

Oficialmente, todo comenzó el 4 de octubre de 2005, cuando el presidente uruguayo Tabaré Vázquez le expresó formalmente al entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que Uruguay, junto a la Argentina, quería ser la sede del Mundial 2030, para celebrar los 100 años de aquel primer campeonato realizado en Montevideo, que tuvo como finalistas, justamente a esos dos países.

Corría el año 2005. Faltaba tanto para el 2030, que el romanticismo de que Uruguay fuera sede del Mundial, era algo lindo de imaginar, y solo expresaban sus dudas a ese notable sueño aquellos uruguayos muy contras, o insensibles a la pasión que genera el fútbol.

Hasta que llegó el 24 de julio de 2011, y cual luz divina que ilumina al profeta de tu preferencia, fui testigo de un evento que me bombardeó de información y me convenció que sería imposible realizar un Mundial de Fútbol en sociedad con nuestros hermanos argentinos.

Aquella preciosa tarde en el Estadio Monumental en la ciudad de Buenos Aires, dos horas antes de que comenzara el partido, ingresé con mi entrada, que compré legalmente por 200 dólares (a pesar de que el valor impreso en la misma era 5 veces menor), para ver la final de la Copa América 2011, que disputaba mi querido Uruguay contra Paraguay.

La ausencia de Argentina en la final, garantizaba paz en los alrededores de la cancha, al igual que el ingreso y la salida.

Pero lo que carecía de garantías era la organización de la final, que, esa si, estaba totalmente en manos de las autoridades del fútbol argentino.

Fue así que con mi costosa entrada, que era numerada y supuestamente aseguraba mi butaca en el medio de lo que sería la Platea Olímpica del Estadio Centenario, ingresé al Monumental, junto a miles de compatriotas y paraguayos.

Al ingresar, decenas de solícitos acomodadores oficiales (todos lucían unos preciosos chalecos que los identificaban como funcionarios) se ofrecían a llevarnos a nuestros asientos. Lo primero que hacían era tomar tu entrada, o las entradas, si es que estabas con tu familia o amigos, luego caminaban rápidamente por las escaleras de la tribuna y al llegar a la fila donde estaba tu asiento, te gritaban “es aquí”, para de inmediato, y aún más rápidamente desaparecer, llevándose tus entradas.

Por supuesto que cuando llegabas a la fila, absolutamente todos los asientos ya estaban ocupados, y ni siquiera Rambo o Dirty Harry, se habrían animado a reclamar sus asientos en aquel caos.

En mi caso personal, cuando vi que todo el sector de la platea que supuestamente nos tocaba a los uruguayos, estaba repleto de banderas y bombos paraguayos, me di cuenta que mi entrada de 200 dólares pasó a tener el valor de una entrada al talud, y mucho le agradezco al hincha compatriota que me dijo, “sentate ya mismo donde puedas porque sino lo vas a ver parado”. Me senté de inmediato en la escalera, detrás de un caño de una baranda de protección, que molestó bastante la visión del partido, pero no tanto como para impedirme ver el gol de Suárez y los dos de Forlán.

Pero volvamos al inicio del partido, o mejor dicho a la hora previa al inicio. El estadio estaba repleto de gente, las escaleras colmadas y seguía entrando gente y gente y más gente.

Estaba clarísimo, los simpáticos y atléticos funcionarios de la AFA, tenían muy bien armado el pasamanos de las entradas que les entregábamos, que rápidamente las trasladaban a sus socios en el exterior del estadio, que a viva voz las revendían por un precio cada vez más barato a medida que se acercaba el inicio de la 43ra Copa América.

El 60 % de los 66.000 espectadores vimos el partido en un asiento distinto al que teníamos asignado. Miles de personas vieron el partido de pie. Y todo ese desorden, caos, estafa, corrupción, fue generado por las máximas autoridades de la AFA, que de pique tenían participación en la reventa, anticipada, de las miles de entradas que les correspondían a los dirigentes de cada club. Y para que todo el mundo quedara contento, se dio carta libre a los funcionarios para que hicieran una linda extra con la reventa, in situ, de los billetes de ingreso.

“¿Y así queremos co-organizar un Mundial? Imposible”. No solo fue lo primero que pensé al ver aquel desorden, también fue lo primero que comenté al regresar a Montevideo. Y a pesar de mi relato detallado, fui bastante criticado por haber expresado mi tremenda incredulidad y desconfianza a la organización de la Copa del Mundo. Me quedó claro que no se entendió que mi recelo no era por la gestión que le cabía a los uruguayos, sino a la de los argentinos que manejan el fútbol de su país.

Años más tarde, en 2017, Messi y Suárez hicieron varias acciones como representantes de la candidatura para el Mundial de 2030.

Fue emocionante verlos juntos, posando Suárez con el 20, y Messi con el 30 en sus espaldas. Pero nada de eso me conmovió como para convencerme que Argentina estaba apta para organizar un Mundial.

Hasta que llegaron los dos partidos definitorios de la final de la Copa Libertadores 2018. Boca y River en la Bombonera, y River - Boca en el Monumental.

Ambos partidos confirmarían aquella triste afirmación realizada en 2011.

Bombonera. Primera final. 10 de noviembre de 2018

A 18 años de iniciado el siglo XXI, en muy pocos países del mundo se suspende un partido por estar inundada la cancha. Pero ese sería el menor de los problemas.

El presidente Macri pidió que se jugara con hinchada visitante . La ministra Patricia Bullrich dijo que si eran capaces de organizar el G20, lo de un partido de fútbol sería mucho más fácil. El ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Ocampo, aseguró que iban a movilizar todas las fuerzas para que todo saliera perfecto. Pero los presidentes de River y Boca prácticamente les dijeron que sería una locura, y por suerte se decidió dejar sin efecto esa idea.

Para entrar a la Bombonera hubo doble cacheo, doble pedido de documentos y doble control de entradas. Pero al comenzar el partido, los pasillos del estadio estaban llenos de colados. Se calcula que solo en las plateas habían 3,000 colados, es decir casi un 10% de la capacidad del estadio.

Monumental. Segunda final. 24 de noviembre de 2018.

El video que mostró como los hinchas de River apedreaban al ómnibus de Boca Juniors fue más que elocuente. Los hinchas millonarios no estaban a 50 ni a 100 metros, estaban en la misma calle por la que circulaba el ómnibus.

Se hace imposible imaginar que, en el transcurso de un Mundial, las fuerzas de seguridad argentinas puedan contener a los ultras rusos, ingleses, alemanes, etc.

A esta altura, es impensable co-organizar cualquier evento de gran envergadura vinculado al fútbol, que se realice en Argentina.

No me queda ninguna duda que el presidente de FIFA, presente en la segunda final, ya descartó la candidatura de Uruguay, Argentina y Paraguay. Ya bastantes problemas tendrá con decidir entre las otras 3 candidaturas, compuestas por tremendos pesos pesados: 1) Inglaterra ,Gales, Escocia e Irlanda del Norte; 2) China y las dos Coreas; y 3) España, Portugal y Marruecos.

¿Entonces?

Meses antes de la Copa Mundial de Fútbol 2030, organicemos un lindo evento conmemorando los 100 años de la primera Copa.

Invitemos a los países que participaron en 1930: Argentina, Chile, México, Rumania, Bélgica, Estados Unidos, Paraguay, Bolivia, Francia, Perú y habrá que ver como se soluciona la invitación a la selección de Yugoslavia.

Si pudimos organizar el Mundial de 1930 y el Mundialito en 1980-1981, no habrá problema en organizar el Mundialito del Centenario del 30.

Ahí si, le tengo fe a Uruguay.
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DARÍO QUEIROLO

Darío Queirolo, periodista especializado en viajes y turismo, con vasta trayectoria en la industria turística.
Comenzó a trabajar como agente de viajes en 1977, en Uruguay y los Estados Unidos.
Entre los años 1978 y 1980 fue guía de turismo en New York City y Washington D.C..

Estableció su agencia de viajes, First Class World Tours, en 1980, en la 5ta. Avenida en Manhattan, New York.
Fundó la revista de turismo Infotur en 1983. 

En 1999 comienza su proyecto PASAPORTE, con el lanzamiento de la primera guía bilingüe de turismo Pasaporte Uruguay.
En el año 2005 fundó el periódico digital Pasaporte News.