Siglo XXI: Si no viajas, no existes

viajarPor Marta Sader - Traveler.es /// “No me gusta nada viajar, aunque esté muy mal visto”, confiesa Thalía, cantante. “Hay lugares, como Oslo, que me gustaría conocer, pero me da tantísima pereza y tengo todo tan a mano en a mi alrededor, que pienso: ‘¿Para qué?’”, reflexiona Juan, mecánico. “Quizá me he acostumbrado a una vida de comodidades y no tengo inquietudes ‘viajeras’, como muchos de vosotros. Por ello, a veces me siento algo ‘mal’ o ‘inferior’ cuando mis amigos me cuentan que viajan fuera del país. Pero, por otra parte, me sigo sintiendo bien en mi ‘zona de confort’”, continúa.

Sí, existe gente a la que no le gusta viajar. Están a tu lado, habitan entre nosotros. Y, sin embargo, parece que, desde el conserje hasta el director, desde quien limpia la habitación de hotel hasta quien la paga, nadie para de recorrer mundo.

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Haz memoria: ¿cuántos selfies con monumento detrás has contado últimamente? ¿Cuántos has subido tú mismo? ¿Cuántos influencers has visto posando en una playa en la última semana? ¿A cuántos de tus amigos has visto imitando a dichos influencers?

“Nunca me gustó viajar (aunque, queriendo ser una digna representante de mi generación, fingí que sí)”, escribe Sabina Urraca, escritora, en su relato Una cabra entera. En ese fingir, en ese tener que mentir para ser aceptado por el grupo, está el quid de este artículo. Porque, seamos sinceros: hoy en día, si no viajas, no eres nadie. Estás completamente out. Eres un bicho raro. ¿Acaso no sabes todas las ventajas que tiene? ¿Todos los likes que genera la foto perfecta en Instagram?

“Las nuevas tecnologías no sólo han acelerado la movilidad y los viajes en todo el mundo; han cambiado radicalmente la forma de hacer turismo”, explica a Traveler.es Maximiliano Korstanje, director del Centro de Investigacion en Turismo y Hospitalidad de la Universidad de Palermo, en Argentina.

“El turismo confiere un estatus privilegiado a quien puede disponer de él. Se habla de una nueva clase, el honimem viatores ('hombre viajero'), que busca combinar la necesidad de descubrimiento con la experiencia de haber estado ahí. La tecnología transforma gradualmente la forma de contar las experiencias. Nuestros abuelos y padres viajaban a lugares exóticos para compartir sus recuerdos. En la actualidad, los turistas buscan consumir experiencias únicas que no solo puedan ser narradas, sino que queden para siempre en la mente de quien las ha experimentado”, opina el experto.

NUNCA ES SUFICIENTE

Ese ansia por vivir experiencias es una de las más comentadas en la conversación que surge en torno al hecho de que viajar se haya convertido, últimamente, casi en un imperativo cultural: “Si viajo por turismo al algún lugar lejano, me siento mal, me siento absurda, me angustio por todo lo que tengo que ver y vivir”, añade Urraca. Por su parte, Lidia, comunicadora, opina: “Parece que nunca viajo lo suficiente. Que siempre he visto menos sitios que el resto y he aprovechado menos las oportunidades”.

Y continúa: “Reconozco que, a veces, pienso que, para haber vivido en Centro Europa cuatro años, no he ido a todos los sitios que ‘debería’ haber ido, y que he perdido un poco el tiempo en quedarme en casa y ver Netflix. No hablemos ya el salir de Europa, claro: parece que si no te has hecho un selfie en Tailandia no eres un proper wanderlust”.
“Podría ser por la autoexigencia que nos ponemos, al estar continuamente bombardeados por redes sociales de imágenes exóticas (y falsas) de paraísos increíbles y solitarios (que, realmente, están abarrotados si haces la foto un poco más a la izquierda)”, responde Manuel, informático.

Korstanje explica el fenómeno: “Antropológicamente, tendemos a copiar las experiencias que nos resultan positivas o agradables, y a desechar las desagradables. De igual forma, cuando alguien nos cuenta o muestra su experiencia a través de las redes, ese relato juega un rol importante a la hora de decidir el próximo destino turístico”.

Manuel lo resume así: “Al final, el marketing tan brutal al que estamos sometidos nos hace querer cosas que ni necesitamos y, realmente, ni queremos muchas veces. Y, si no las hacemos, sentimos que ‘nos falta algo’”.
Para evitar acrecentar esa sensación, hay blogueros de viaje, como Tom Stevenson, que están empezando a explicar la verdad tras la foto en tonos cálidos de todos esos nómadas que están viviendo lo que parece ser la mejor vida posible: dejan su trabajo, lo venden todo, se embarcan en un viaje sin fin por el mundo que resulta especialmente instagrameable si va a compañado de la etiqueta #vanlife.

“Sin la red de seguridad de vivir en casa, debes valerse por sí mismo en todo momento. Puede ser difícil mantenerte a flote durante los momentos difíciles, especialmente, si estás solo en un lugar nuevo. Puede ser una experiencia solitaria”, escribe en Medium.
“Se mitifica excesivamente viajar en estos tiempos; como blogger de viajes, me declaro culpable de ello. Insto a las personas a seguir sus sueños y viajar. Pero la realidad es que los viajes a largo plazo no son para todos. Mucha gente se derrumbaría bajo la presión de estar constantemente en la carretera, sumido en un estado de cambio. De la misma manera que la estabilidad no es para todos, tampoco lo es el cambio constante. Y la vida como viajero es un ciclo de cambios”.

El viajero profundiza en esa idea, asegurando que el peor cambio de todos es el de saber que nunca volverás a ser el mismo de nuevo. “Has experimentado y visto demasiado para volver a tu vida de antes del viaje. Al comprometerte a viajar a tiempo completo, te comprometes también a no estar nunca satisfecho. Nunca estarás satisfecho viviendo en un solo lugar. Nunca estarás satisfecho hasta que hayas viajado a todas partes. Nunca estarás satisfecho, incluso si conoces al amor de tu vida. ¡Siempre necesitarás más! Es como una enfermedad que se apodera de ti y no te suelta. Es terminal”, relata.

LA IMPOSIBILIDAD DE NO HACER NADA

Este no conformarse nunca es uno de los males que se achacan al capitalismo. Así lo ve Alexandra, periodista: “Creo que todo esto de viajar constantemente forma parte del capitalismo más absoluto, que lleva a la globalización y destrucción del planeta. Además, molestas a la gente que vive en el lugar al que viajas (y contribuyes a potenciar la economía basada en el turismo, que es una basura). Por otro lado, está toda esta cosa neoliberal de que hay que aprender muchos idiomas, viajar mucho y levantarte a las cuatro de la mañana para correr una maratón antes de ir a trabajar. Solución: la vagancia o rebelarse no haciendo NADA, pero de verdad”, sentencia.

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Pero ¿se puede, acaso, cumplir ese propósito en el siglo XXI? “Tomaré vacaciones pronto, y no me apetece hacer nada. Pues bien, me voy a Málaga porque me sentía mal yéndome al pueblo, a un piso que tienen mis padres en Valencia, a... no hacer nada. ¿Nos han hecho sentirnos culpables si no hacemos nada?”, se pregunta María, también periodista. “Es que le tomas manía al viajar, porque, al final, andas con más obligaciones que en tu día a día”, completa.

Esta idea también late en el relato de Sabina, una oda a una no muy loada faceta del turismo: los viajes de trabajo. “Lo que me cansaba de los viajes por turismo y esparcimiento era precisamente lo que en los viajes de trabajo quedaba firmemente instaurado: la supervivencia, el llegar a un lugar en el que nadie la está esperando a una, la falta de una misión clara, aparte de deambular observando con aturdimiento”.
La escritora nos lo explica un poco más: “Ese rollo de viajar como obligado a hacer las mismas 15 cosas que han hecho todos los demás me da miedo. Para mí, viajar es estar mucho tiempo en un sitio, o ir a un sitio con una misión determinada. El resto de viajes se me olvidan, son confusos, no recuerdo los nombres de nada”. Pero -le preguntamos-: ¿viajar es recordar los nombres… o vivir una experiencia? “La experiencia”, contesta ella. “Pero creo que vamos muy a marcar cruces en una lista”.

María también mete el trabajo en la ecuación, pero no para hablar del turismo de negocios, sino de las múltiples tareas que llevamos a cabo nosotros mismos en el destino, que son también las que, en gran medida, repelen a Sabina. “El trabajo está cada vez más presente en nuestros tiempos de ocio. Quiero decir: tú vas a hacer la compra y ahora hasta te tienes hasta que cobrar a ti misma, pesarte la fruta, etc”, observa.

De hecho, desde que internet se ha convertido en nuestro agente de viajes, tenemos que hacerlo todo nosotros solos, desde estresarnos procurando elegir las mejores tarifas de vuelos hasta contratando nuestro propio coche de alquiler, conduciéndolo y mirando constantemente el GPS para seguir una ruta trazada anteriormente por -¿adivinas quién?- nosotros mismos.
José, científico al que también entrevistamos, va un paso más allá en esta idea de la fusión entre el tiempo que dedicamos a lo laboral y al relax, asegurando que en vacaciones no puede permitirse quedarse en casa porque sabe que acabaría trabajando.

María también contempla este matiz, aunque desde otra perspectiva: “Estás todo el día trabajando para que lleguen las vacaciones y no puedas descansar, porque ¡cómo vas a estar en Indonesia y no salir de la habitación del hotel! La autoexplotación laboral de la que se habla últimamente parece que también ha llegado a lo personal”, sostiene.

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LA TIRANÍA DE LAS EXPERIENCIAS

“La industria de los viajes y el turismo se ha situado como un referente de crecimiento a nivel mundial”, concede Korstanje. “No obstante, existen muchas personas que, por motivos económicos, conflictos, u otros temas de peso, no pueden viajar. En este sentido, la movilidad se ha transformado en un signo de estatus, pero a la vez, se ha convertido a la vez casi en un derecho”, afirma el experto, que comenta que esa brecha entre quienes viajan y quienes no es un tema que se incluye dentro de los debates éticos del turismo.
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DARÍO QUEIROLO

Darío Queirolo, periodista especializado en viajes y turismo, con vasta trayectoria en la industria turística.
Comenzó a trabajar como agente de viajes en 1977, en Uruguay y los Estados Unidos.
Entre los años 1978 y 1980 fue guía de turismo en New York City y Washington D.C..

Estableció su agencia de viajes, First Class World Tours, en 1980, en la 5ta. Avenida en Manhattan, New York.
Fundó la revista de turismo Infotur en 1983. 

En 1999 comienza su proyecto PASAPORTE, con el lanzamiento de la primera guía bilingüe de turismo Pasaporte Uruguay.
En el año 2005 fundó el periódico digital Pasaporte News.