Nº 3.448 - Año XXI

Está en nosotros que el terrorismo jamás pueda asesinar al turismo

atentadosDarío Queirolo /// Como nunca en la historia del turismo moderno, la sucesión de atentados terroristas acaecidos en los pasados 16 meses pondrán a prueba la respuesta de los turistas a la posibilidad más aterradora que puedan enfrentar en un viaje: ser víctimas de un ataque terrorista.

Desde que los ataques del 11 de setiembre de 2001 cambiaron para siempre la forma en que estábamos acostumbrados a viajar, notablemente debido a la incorporación de los controles de seguridad previos a cada vuelo, se han aventurado muchos pronósticos, en su totalidad negativos, sobre como responderían los viajeros a la enorme molestia que provocan los controles, y al miedo a ser un número más en las estadísticas de los muertos o heridos en un atentado. La respuesta de la gente demostró que la felicidad que genera un viaje, es más fuerte que el miedo.

Por haber sido la ciudad de Nueva York la primera gran victima de un atentado terrorista, sufrió durante unos cuantos meses la falta de visitantes. Pero las habitaciones volvieron a ocuparse, y llenarse, gracias a las buenas campañas de promoción de la Gran Manzana, en donde estrellas como Robert De Niro, Woody Allen y otros famosos neoyorquinos, invitaban a todo el mundo a visitarlos y seguir disfrutando, sin miedo, de aquella gran ciudad.

Menos de 3 años después, el 11 de marzo de 2004, fue Madrid la siguiente víctima famosa, y el 7 de julio de 2005 le tocó a Londres. Llamó mucho la atención que no hubo cancelaciones a esas ciudades, ni masivas ni siquiera en pequeña escala. Lo cierto es que ya entonces, la gente no estaba dispuesta a dejar de viajar, siempre y cuando los destinos ofrecieran medidas razonables de seguridad.

Pasaron 10 años sin atentados de gran escala, hasta que en marzo de 2015 comienza una tremenda seguidilla de atentados:

18 de marzo 2015. Museo Nacional de la ciudad de Túnez. 19 turistas extranjeros y 3 tunecinos muertos.
26 junio 2015. Hotel frente a la playa en Túnez. 38 muertos, la mayoría británicos que estaban en la playa.
13 de noviembre 2015. París y Saint-Denis. Varios ataques en un teatro, un restaurante y una brasserie. 137 muertos y 415 heridos.
12 de enero 2016. Estambul. 11 turistas alemanes muertos frente a la Mezquita Azul.
19 de marzo 2016. Estambul. 5 turistas israelíes muertos y 36 heridos en la peatonal principal.
22 de marzo 2016. Bruselas. 32 muertos y 340 heridos en el aeropuerto.
8 de junio 2016. Tel Aviv. 4 muertos y 6 heridos en un restaurante.
28 de junio 2016. Estambul. 41 muertos y 239 heridos en aeropuerto principal.
1 de Julio 2016. Dacca, capital de Bangladesh. 26 muertos, diez de ellos italianos y siete japoneses en un restaurante.

Así llegamos al 10 de julio, cuando llegaron las únicas explosiones bien recibidas, porque correspondían simplemente a fuegos artificiales que indicaban que la Eurocopa había llegado a su fin y permitían respirar aliviados a los anfitriones, que aunque perdedores, celebraban un torneo sin mayores peligros, más allá de las peleas entre los barras bravas rusos e ingleses. Pero del ISIS, nada.

Hasta que el 14 de julio volvió el terror. La principal avenida de la costa de Niza, desbordada de gente que celebraba un nuevo aniversario del Día Nacional de Francia, fue testigo de cómo un fanático tunecino a bordo de un camión atropellaba y mataba a 84 personas y dejaba más de 50 heridos críticos.

Está claro que los atentados van a continuar. ¿Por cuánto tiempo más?. Imposible saberlo, pero será por mucho tiempo.

Entonces, lo único que nos queda es aceptar que ser víctimas de un atentado es una posibilidad real, y, aunque suene atroz, debemos incorporar esa posibilidad a nuestras vidas, de la misma manera que hemos asumido que todos los días de nuestras vidas, en cualquier parte del mundo, podemos ser victimas de un accidente de tránsito, de una rapiña, o de un terremoto.

Pero de ninguna manera, jamás, debemos ni siquiera considerar la posibilidad de eliminar los viajes de nuestras vidas, al contrario. El día que eso ocurra será el día que los terroristas festejen su mayor victoria.

No hay mejor ejemplo que el del pueblo israelita. Cada vez que un atentado ocurre en alguna ciudad de ese país, por ejemplo, en un restaurante, en cuanto se terminan de realizar las pericias policiales y se limpia el local, al otro día la gente va masivamente a comer en ese local, en una clara demostración de que no tienen miedo, y que nunca dejarán de salir a pasear, a caminar o a disfrutar de la vida libremente.

Si las personas en todo el mundo adoptan esa posición, debilitarán el mayor objetivo de los terroristas.

Por otro lado, es responsabilidad de cada gobierno invertir en el área de la seguridad. Ya sea mejorando su infraestructura en aeropuertos o terminales de trenes o buses; y en la capacitación del personal en esos lugares, para que controlen no solo a los viajeros, sino a sus equipajes y todo el material que ingresa en cualquier medio de transporte.

Un buen ejemplo es el realizado por Bruselas, aunque después del atentado, cuando agregó en su aeropuerto un doble control de equipaje.

En la vereda de enfrente está Egipto, que ha demostrado una gran falencia a la hora de realizar controles eficaces, y por esta razón ha llegado a los niveles más bajos en su historia de recepción de turistas.
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Dario Queirolo 2018

DARÍO QUEIROLO

Darío Queirolo, periodista especializado en viajes y turismo, con vasta trayectoria en la industria turística.
Comenzó a trabajar como agente de viajes en 1977, en Uruguay y los Estados Unidos.
Entre los años 1978 y 1980 fue guía de turismo en New York City y Washington D.C..

En el año 1980 estableció su agencia de viajes, First Class World Tours, en 501 5th Avenue, NYC.
Fundó la revista de turismo Infotur en 1983, primera revista en español para profesionales del turismo en Nueva York y Nueva Jersey. 

En 1999 comienza en Uruguay su proyecto PASAPORTE, con el lanzamiento de la primera guía bilingüe de turismo Pasaporte Uruguay.
En marzo de 2005 fundó el periódico digital Pasaporte News.