Nº 3.448 - Año XXI

El último hablante de chaná, la lengua de los indígenas de las orillas del río Uruguay

chanaEl País de Madrid entrevista al argentino que puede hablar la lengua que se creía extinguida desde hace un siglo. El documental 'Lantéc chaná' rescata la memoria de un grupo étnico que vivió en el litoral del Río Uruguay a través del testimonio de Blas Jaime.

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El argentino Blas Jaime atesora en su cabeza un idioma indígena que se consideró extinguido durante más de 100 años, el chaná. Se lo enseñó su madre, quien lo había aprendido de su abuela, que a su vez lo heredó de la bisabuela, en una cadena de transmisión oral secreta que se remonta a siglos atrás, cuando comenzaron a ser perseguidos por los colonizadores españoles y evangelizados a la fuerza, en las orillas del río Uruguay. "Los nombres aborígenes fueron prohibidos (...) Y a las niñas que hablaban chaná les cortaban la punta de la lengua", recuerda Jaime en el documental Lantéc chaná, filmado por la directora argentina Marina Zeising.

Este expredicador mormón de 71 años no enseñó el idioma a su hija y renegó de él durante décadas. Su vida cambió cuando en una conversación casual mencionó que hablaba chaná y la noticia llegó a oídos del investigador Pedro Viegas Barros. "Los chanás no existen", fue la primera respuesta de Viegas. Escéptico, se trasladó de Buenos Aires a Paraná para verle. Y allí comprobó que el vocabulario que Jaime había retenido durante noches de enseñanza materna correspondía con el único testimonio escrito de la lengua de su etnia, el Compendio del idioma de la nación chaná, escrito por Dámaso Larrañaga en 1823 a partir de entrevistas a ancianos de esta tribu, que durante siglos vivió de la pesca y de lo que le proveían los ríos.

"Timú" le dice el chaná al hijo. "Atá" es el agua, "ata má" es el río, y "vanatí ata ma" los hijos del río, los arroyos. "Beada" -la palabra favorita de Jaime- significa madre y "beada á", la Tierra. El árbol es el hijo de la Tierra, "vanatí beada", y sus ramas se denominan "palá".

Viegas escuchó esas palabras de Jaime por primera vez en 2005. Desde ese momento, ambos se embarcaron en una odisea para reconstruir la lengua y la cultura chaná e intentar que no desaparezca. En 2010 el idioma fue incluido en el Atlas de lenguas del mundo en peligro de la Unesco y en 2014 publicaron el primer Diccionario Chaná-Español Español-Chaná. La cinta de Zeising es un nuevo testimonio de la recuperación de la memoria de uno de los pueblos indígenas que habitaron el extremo sur del continente americano.

chanas"El día que (mi hija) Evangelina se haga cargo de transmitir el chaná, yo preferiría volver a la Iglesia", dice Jaime a EL PAÍS tras la proyección del documental, recién estrenado en Argentina. Entrecierra sus ojos oscuros, se apoya en su bastón y en voz baja lamenta no haberle enseñado la lengua de niña. Cuando más tarde quiso hacerlo, su hija se negó. "Me dijo que no quería ser india, que la iban a maltratar e insultar", recuerda. El sentimiento es común en numerosos descendientes de indígenas en Argentina, un país que no reconoció los derechos de los pueblos originarios hasta 1994. Evangelina cambió de opinión al ser madre. Comenzó a estudiar chaná y ahora ayuda a su padre a dar clases a alumnos que quieren aprenderlo.

A Jaime le gustaría que además de conocer su lengua, los argentinos adoptasen algunos de los valores de sus antepasados. "El principal es el respeto a la mujer", subraya, al recordar que el pueblo chaná era un matriarcado, en el que eran las mujeres las responsables de impartir justicia y de transmitir la cultura de madres a hijas. "También el respeto a los niños y a la madre naturaleza. Los chanás creemos que es un ser vivo y que su sangre son los ríos y los arroyos", continúa. La difusión de un pedazo de la historia de Argentina le ha quitado soledad a los últimos años de su vida y le emociona hasta las lágrimas la esperanza de que su lengua le sobrevivirá.
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Dario Queirolo 2018

DARÍO QUEIROLO

Darío Queirolo, periodista especializado en viajes y turismo, con vasta trayectoria en la industria turística.
Comenzó a trabajar como agente de viajes en 1977, en Uruguay y los Estados Unidos.
Entre los años 1978 y 1980 fue guía de turismo en New York City y Washington D.C..

En el año 1980 estableció su agencia de viajes, First Class World Tours, en 501 5th Avenue, NYC.
Fundó la revista de turismo Infotur en 1983, primera revista en español para profesionales del turismo en Nueva York y Nueva Jersey. 

En 1999 comienza en Uruguay su proyecto PASAPORTE, con el lanzamiento de la primera guía bilingüe de turismo Pasaporte Uruguay.
En marzo de 2005 fundó el periódico digital Pasaporte News.