Imperdibles historias del mayordomo que gana 8.000 dólares por mes

mayordomo 1Gerard Dalmau, de profesión mayordomo, se ha formado en la mejor institución del planeta, The International Butler Academy.  Esto le permite ganar hasta 8.000 dólares al mes, propinas aparte. Pero por sobre todo, ser parte de un mundo que es totalmente distinto al de la mayoría de los mortales. Claro que para mantener su puesto tiene que actuar como el genio de la lámpara, consiguiendo todo lo que su señor desee, haciendo gala de una particular destreza para todo tipo de quehaceres. 

Dalmau, nacido en 1973 en Barcelona, ha servido a familias de un altísimo poder adquisitivo. Su experiencia profesional está repleta de anécdotas. Algunas de ellas las comparte a continuación.

¿Qué le hizo querer ser mayordomo?

Me gusta servir, bueno, más que servir, dar un servicio, son cosas distintas. También me atrae mucho el mundo del lujo, y mi profesión va muy ligada a este mundo.

¿Usted ya había trabajado en este sector?

Sí. Empecé a trabajar como conserje en el que antes era el Hotel Ritz de Barcelona. Luego pasé por otras empresas como gerente de cuentas. Y más tarde acabé en una empresa de coches de lujo que daba servicio sobre todo a hoteles, personalidades... Ahí entré de nuevo en el rol de lo que se entiende como asistente personal. Fue cuando empecé con la familia real saudí.

¿De veras?

Sí, cuando venían a España, podía estar un mes con ellos. Yo acompañaba a una princesa, hacía vida con ella. Estaba 24 horas a su lado. Era una niña de 15 años.

Una adolescente.

Y claro, no la llevarás a Chanel. Ella está acostumbrada a eso, a todo el lujo. Tenía que hacer con ella cosas distintas: desde llevarla a Port Aventura, a la playa, a correr, lo que fuera para que estuviera entretenida.

O sea, que su misión era que la joven se entretuviera…

Sí, disfrutar las vacaciones con ella durante casi un mes.

¿Y se establece una relación personal?

Totalmente. Siempre marcas una distancia, pero al final acabas entrando en sus vidas. Estás muy cercano a todo. Las cosas más íntimas te las piden a ti.

Pero la aproximación la hace el cliente respecto a usted, entiendo.

Sí. Yo mantengo la distancia. Siempre estás en un segundo término. Son ellos los que te van abriendo la puerta poco a poco. Al final, un mayordomo no habla.

¿No habla?

No. Cuando estoy sirviendo a una familia, no hablo. El mayordomo nunca se dirige al cliente. Lo mínimo. Es distinto a cuando haces de asistente personal, ahí cambia mucho.

Como con la princesa.

Exacto. Ahí hacia de asistente personal. En el hotel me servían a mí también.

¿En serio?

Me sentaba en su mesa y hacía vida con ellos. Pasas a ser uno más, e incluso uno de los principales.

¿Por qué?

Porque eres uno de los que decide. Por la mañana me reunía con el secretario personal de la familia real y con el cuerpo de seguridad. Decidíamos dónde íbamos ese día. Por ejemplo, si quieres ir al Tibidabo, hay que mirar dónde está y dónde aparcar, porque mueves cinco o seis coches. En una salida a Paseo de Gracia, por ejemplo, estás moviendo 20 o 25 personas.

Eso implica para usted tener un gran conocimiento de la ciudad donde está.

Correcto. A partir de trabajar con la familia real saudí, empecé a trabajar con más familias, y una te lleva a la otra. Te puedo explicar otro caso, aunque es algo todavía más privado.

Adelante.

Fue con un príncipe.

¿De la misma familia?

No. Con él, cerramos la Alhambra de Granada, algo imposible. Lo hicimos durante una hora y media. Y en Córdoba hicimos lo propio con la Mezquita.

Suena increíble. ¿Y cómo se hace eso?

Pagando mucho dinero. Cerrar la Alhambra durante una hora y media nos costó 45.000 euros.

Madre mía.

Estas personas, cuando quieren las cosas, las quieren ya.

Y eso puede ser un problema, entiendo.

Claro.

Más allá de cerrar la Alhambra, que no es poca cosa, ¿le han pedido más excentricidades?

Sí. Un día, hace años, me pidieron una botella de una añada muy determinada a las tres de la madrugada.

¿Y qué hizo?

Contacté con el maître de un restaurante top de la Diagonal de Barcelona, tenía su teléfono, y le expliqué lo que sucedía. Le dije, ‘si te levantas ahora, vas al restaurante y me traes la botella, que sé que la tenéis vosotros, cóbrame lo que quieras’. Y lo hizo.

Y la broma costó…

Unos 500 euros.

¿Alguna proposición estrambótica más?

Pues que salgan [los clientes] de un local, me llamen y me digan: ‘Monta un after en casa, llegamos en una hora’.

¿En serio?

Querían seguir con la fiesta. Y claro, prepara bebidas, copas, alguna cosa para picar, música…

Eso le obliga a tener una gran agenda, ¿no?

Sí, muchos contactos. De la misma manera que cuando montas una mesa de gala todo está muy medido, cuando suceden estas cosas no hay medida que valga: ¡tienes una hora para montarlo todo!

La improvisación al poder…

Un día, cuando estaba en el hotel Ritz de conserje, un miembro de la familia saudí (esta familia es muy extensa) llegó a Barcelona y me dijo, ‘me quiero ir a Ibiza’. Yo le dije, perfecto, lo miro, a lo que él me contestó, ‘no, quiero ahora, y deseo ir en barco’.

¿Y eso a qué hora era?

Ya tarde por la noche. Le dije que no podíamos alquilar un barco a esa hora. ‘Yo quiero llegar a Sant Antoni en barco’, me dijo. Al final lo conseguimos.

Menos mal.

Pero añadió, ‘no iré solo, tú vienes conmigo’. Le dije que no podía, que estaba trabajando en el hotel. ‘Tú vienes conmigo’, me repitió. Hablé con el director del hotel y me dijo que fuera, que el cliente nos interesaba.

Entiendo.

Pero no tuvo suficiente. Me dijo, ‘tráete a un amigo’. En el hotel había un botones, un chaval, y le dije, ‘nos vamos a Ibiza’. ‘¿Y la ropa’?, me preguntó el chico. ‘No te preocupes, compraremos ropa allí’, le dije. Al final estuvimos cinco o seis días, aunque me parecieron 15, porque pasamos todas las noches por ahí.

mayordomo
Cuando trabaja con estos clientes entiendo que no hay horario.

No, no hay.

¿Y son agradecidos?

Hay cosas que te agradecen mucho.

¿Por ejemplo?

Salir a correr con ellos. Es un momento muy bueno para acercarse personalmente. En ese momento ambos vamos con camiseta, shorts, sudados y reventados de correr. Ahí lo picas. ‘¿Ya te has cansado?’. Es en estos momentos donde traspasas el límite, te aproximas a ellos.

¿Y cómo negocia su salario?

Lo estipulas previamente. Lo que sucede es que, si el salario fijado tiene un precio, cuando acabas, éste se multiplica.

¿Sí?

Con propinas, las de los saudíes son muy altas.

Si me lo permite, ¿qué puede ganar usted como mayordomo?

Mi sueldo se asimila al de un director de hotel. Mira, te enseño una oferta que me ha llegado ahora de Arabia Saudí [la muestra]. Me ofrecen hasta 7.500 euros mensuales (8.200 dólares) , y con todo pagado. Más lo que te cae, como te decía, de propina.

Increíble.

Tienen 400 personas de servicio. No estaría solo gestionando a este personal, porque hay un equipo de mayordomos, pero sí, administras ese grupo, ¡más personas de servicio de las que tiene un hotel!

¿Y cuál sería su trabajo?

Establecer los horarios de este personal para cubrir todo el día: estipular qué tienen que hacer en cada hora. Antes de que se levanten [los dueños de la casa], el cocinero ya tiene que estar preparando el desayuno, y debe de haber personas preparadas para servirlo. Hay que saber qué quiere desayunar la persona de la casa cada día. Claro, has tenido que ver con el cocinero previamente que esté todo lo que se necesita. A comprar vamos el chef y yo. Hay que controlar lo que se gasta. Al cliente le gusta ver que todo tiene un sentido, que no gastas por gastar.

Entiendo.

Mientras que el cliente desayuna, hay que hacer su habitación y dejarla impecable, dejarle preparada la ropa que se pondrá (si hay que plancharla o no), que el chófer tenga el coche preparado por si quiere salir, o por si tiene que ir a trabajar. Hay que mirar que en el vehículo esté la prensa del día, que haya aguas frescas… Y hay que tener otro coche preparado por si la señora de la casa, por ejemplo, también quiere salir.

Es un no parar.

Tienes el libro del mayordomo, donde están las contraseñas de todo, de las alarmas, de sus correos personales.

¿De veras?

No se acuerdan, ni tampoco quieren. Tú eres como un Google. Te tienes que anticipar siempre a lo que pensarán, ir dos o tres pasos por delante.

Pero eso es agotador…

Lo es. Yo por ejemplo me apunto los vestidos que se ha ido poniendo la señora.

¿Ah sí?

Claro, para que no repita.

¿Se ha cruzado con buenas personas en su trabajo?

Sí, absolutamente. Hay clientes maravillosos, con los que tuve una relación muy buena. Tengo que decir que hay mucha diferencia entre las personas que tienen dinero de toda la vida y los nuevos ricos. Es brutal. Yo con estos últimos no quiero trabajar.

¿Por qué?

El trato no es el mismo. Eres, para ellos, el sirviente. Yo he llegado a plantar a algún cliente. ‘Esto no te lo aguanto’, les he dicho. De la misma manera que yo no cruzo su límite, ellos no tienen que cruzar el mío. Por que me pagues, eso no significa que sea tu esclavo.

Usted se ha formado en la mejor academia de mayordomos. Tengo entendido que no es fácil entrar ahí…

No lo es. Creo que éramos 18 en mi promoción. Dos abandonaron, y eso que vale un dineral: son 10 semanas que tienen un coste de 18.000 euros.

¿18.000 euros?

Sí, pero te abre muchas puertas. Mira las ofertas que me están llegando, todas a través de ellos. Me acabo de entrevistar con una cadena de hoteles importante de Dubai, ahora es temporada alta allí. Me han hecho una primera oferta, pero no me ha interesado el sueldo. Era para mayordomo. Después me han hecho una segunda, como jefe de mayordomos. Sería para un año. Me falta una segunda entrevista, pero pinta bien. Si sale, iré.

¿Hay más oportunidades para su gremio en el extranjero?

Aquí no hay tanta salida. En Marbella sí, por ejemplo. O vas a hoteles que tienen sus villas, como en la zona del Caribe, y allí sí que tienen mayordomo, o te vas a Oriente Medio o a China.

¿China?

Sí, es uno de los principales mercados para los mayordomos: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y China. Tengo una oferta para ir. Me gustaría ver cómo trabajan allí.

Supongo que se maneja bien con los idiomas.

Con un inglés muy fluido puedes ir a todos los sitios. Y hay muchos clientes que hablan español.

¿Ah sí?

Vengan de donde vengan. Aquí, algunas personas estudian chino, pero lo curioso es que los chinos estudian español. Me sorprendió mucho. Al final, el español se habla en muchos países.

¿Fue muy dura la experiencia en la academia?

Mucho. Física y mentalmente es muy duro. Te ponen al límite de todo. Dormíamos poco. A veces te hacían montar una mesa, pero en el último momento te decían ‘en lugar de 18, serán 17’. ¡Y no es sacar un cubierto y ya está: tienes que moverlo todo! O tienes la mesa decorada de una temática concreta y te dicen, ‘no me gusta’, y tienes que buscarte la vida.

Tocan ustedes muchos palos.

Sí. En las series de televisión sale siempre lo de limpiar. ¡Claro que tienes que saber limpiar de todo! Yo te puedo limpiar unos zapatos y te ves reflejado en ellos. Quizás no tenga que limpiarlos nunca, lo hace otra persona, pero yo le tengo que enseñar. Sin embargo, hay cosas que han cambiado. Ahora, por ejemplo, no hay plata en las casas.

¿Qué quiere decir?

Hay, pero sólo la sacan en ocasiones especiales. Ahora tienes que estar preparado para otras cosas, como por ejemplo, manejarte con la tecnología. Las casas son domóticas. Hay muchos jóvenes con mucho dinero. Tienes que estar a la última. ‘Se me ha colgado internet’, te dicen.

Y usted no puede tener un no como respuesta.

Esa palabra no existe. ‘Déjeme ver, voy a intentarlo, lo haré lo mejor que pueda’. Le tienes que dar un abanico de opciones.

¿Qué hay que tener para ser un buen mayordomo?

Energía, pasión y compromiso. Y también algo muy importante: discreción. Ni ves, ni escuchas, ni hablas.


Fuente: La Vanguardia
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DARÍO QUEIROLO

Darío Queirolo, periodista especializado en viajes y turismo, con vasta trayectoria en la industria turística.
Comenzó a trabajar como agente de viajes en 1977, en Uruguay y los Estados Unidos.
Entre los años 1978 y 1980 fue guía de turismo en New York City y Washington D.C..

Estableció su agencia de viajes, First Class World Tours, en 1980, en la 5ta. Avenida en Manhattan, New York.
Fundó la revista de turismo Infotur en 1983. 

En 1999 comienza su proyecto PASAPORTE, con el lanzamiento de la primera guía bilingüe de turismo Pasaporte Uruguay.
En el año 2005 fundó el periódico digital Pasaporte News.