La joie de vivre francesa seguirá limitada casi en exclusiva al ámbito domiciliario y familiar. Bares, cafeterías y restaurantes están ya vetados en Francia desde hace dos meses y medio, salvo para ir a buscar comida y bebida y llevársela a casa. Están cerrados los cines, teatros, museos, salas de conciertos y de fiestas. En tiempos de coronavirus, la legendaria alegría de vivir francesa se ha transformado en estricta vida monacal.
Incumplir las normas puede acarrear cuantiosas multas, mala conciencia y –lo peor– consecuencias sanitarias graves.
El Gobierno francés decidió el jueves 14 de enero dar otra vuelta de tuerca a los sacrificios y generalizar el toque de queda a las 18 horas, en todo el territorio nacional, a partir de este sábado, durante un mínimo de 15 días. La medida, anunciada por el primer ministro, Jean Castex, se toma para contener la expansión de la pandemia y mientras se están detectando cada vez más casos de la variante británica de la covid, mucho más contagiosa.
Fuente: La Vanguardia
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